Vinos Bureo

Bodegas Otero Vaquera, el sabor de la tierra

A poco más de once kilómetros de Azuaga, por la carretera de Maguilla, aparece un camino a la derecha que conduce directamente a la finca La Muda, en el paraje conocido como Bureo, donde se sitúan las bodegas Otero Vaquera. Esta finca ha sido propiedad desde hace generaciones de la familia de José Otero -originaria de la vecina localidad de Berlanga—, y en la actualidad es una explotación diversificada de olivar ecológico, cereales, eguminosas y viña, que da trabajo, dependiendo de la época, a entre siete y diez trabajadores.

La joven María Otero nos cuenta que empezaron con la bodega allá por 2002, “en parte por rescatar la tradición vinícola de la tierra, pero también con la pretensión de darle un enfoque moderno y productivo”. Ella estudiaba Ciencias Biológicas en Granada cuando decidió cambiar y cursar Enología en Badajoz, una carrera relativamente nueva —de hecho, María pertenece a la segunda promoción que salió de la capital pacense—, pero también atractiva
y con futuro.

Vinos Bureo

“El plan de empresa se basa en aportar nosotros mismos la materia prima; de esta forma, controlamos la calidad del producto inicial para elaborar el vino”, explica María. De ahí que el primer paso que dieron fuera establecer y cultivar el viñedo actual de veinte hectáreas y que acoge únicamente variedades tintas: tempranillo, cabernet sauvignon, merlot y syrah. “Son variedades que se adaptan bien a nuestro terreno y clima y, además, tienen muy buena salida en el mercado”, añade.

La naturaleza del suelo arcillosocalcáreo, la escasa pluviometría y la diferencia de temperatura entre el día
y la noche durante la maduración, determina unos rendimientos adecuados para conseguir una buena calidad de la uva. Aproximadamente desde mediados de julio, cuando empieza el envero y la uva cambia de pigmentación, se recogen muestras y María realiza estudios de maduración; al principio, con un intervalo de tiempo más largo, y a medida que se acerca la vendimia, cada dos días o incluso a diario. Esas muestras ofrecen unos parámetros
que orientan sobre el momento propicio para su recogida, y así obtener el punto óptimo de maduración para cada tipo de uva. Los análisis se realizan en colaboración con el Instituto Tecnológico Agroalimentario de Extremadura (Intaex), organismo con el que la bodega viene desarrollando diversos proyectos de investigación desde hace años.

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El viñedo está junto a las instalaciones de vinificación por lo que la uva apenas sufre durante el transporte. “En el momento en que ya hay quince cajas llenas del fruto se trasladan a la bodega; con ello evitamos que la producción esté expuesta a las inclemencias del tiempo o que se aplasten las uvas”, explica la joven enóloga. Una vez allí, la tradición se une a la modernidad: los depósitos donde se recogen los mostos son de acero inoxidable, con control de temperatura; la última tecnología al servicio de vino. Otero Vaquera es una empresa que se caracteriza por realizar el ciclo del vino completo: cuidado de la vid, vinificación o elaboración del caldo y, por último, la crianza en roble. Para ello, dispone de una nave subterránea con 150 barricas, de roble francés y roble americano, en las que se somete a todos los vinos a una crianza mínima de seis meses, pasando luego a doce o a dieciocho, según el plan de producción.

Posteriormente, el vino se embotella, también en la propia bodega, y se almacena en unos durmientes, donde descansa. “Así, adquiere una crianza adicional en botella, para que se vaya redondeando y equilibrando hasta que se considera que está listo para salir al mercado”, apunta la enóloga. Esta bodega extremeña produce al año alrededor de 50.000 botellas de caldos monovarietales —es decir, elaborados a partir de una sola especie de uva—, y que son: un Tempranillo, con doce meses de roble; un Cabernet Sauvignon, también con doce meses de roble, y un Bureo Selección, que es un tempranillo con dieciocho meses de roble.

En 2009 han introducido las variedades de uva merlot y syrah, pero aún habrá que esperar varios años para atarlos.

Las perspectivas son prometedoras. La primera vez que la bodega se ha presentado a un concurso nacional, el Bureo Selección cosecha 2005 ganó este año la medalla de bronce en los premios Mezquita de Córdoba, lo que ha supuesto para José y María Otero toda una ratificación a años de duro trabajo.

Y es que, aunque su producción no es muy elevada, los vinos Bureo se están haciendo un hueco en el mercado. La competencia en el sector del tinto es muy fuerte, y la actual coyuntura económica no es el mejor acicate para el consumo, pero como reconoce María “cada vez hay más cultura alrededor del vino y la gente está más abierta a nuevas experiencias: se dan muchos cursos de cata y existen numerosos clubes donde los aficionados se reúnen y prueban diferentes variedades para aprender a apreciarlas”. De hecho, las propias bodegas Otero Vaquera imparten cursos de cata, tanto privados como contratados por diferentes instituciones.

Otro de los factores de éxito de los vinos Bureo es la buena relación calidad-precio que ofrecen, entre otras cosas, porque “evitamos intermediarios y llegamos directamente al cliente final en la distribución a precios realmente competitivos de entre cuatro y cinco euros”.

Además de Badajoz y Cáceres, los caldos Bureo se pueden encontrar ya en Sevilla, Granada, Barcelona, Valencia, Bilbao o Madrid. Por otro lado, las bodegas Otero Vaquera están acogidas al Plan de Internacionalización de la Empresa Extremeña (Pimex), que consiste en articular un departamento de exportación encargado de crear contactos con el comercio exterior. Fruto de este programa, hace poco se presentaron los vinos Bureo en Anuga, la feria internacional de alimentación más importante del mundo que se celebra en Colonia (Alemania) y que ha conseguido que estos vinos extremeños se distribuyan en ese país, ya que un distribuidor local se ha hecho con la exclusividad de la marca. A través de Pimex, los vinos Bureo han estado también presentes en Vinexpo, la Feria Internacional del Vino de Burdeos, y tienen en perspectiva un plan de consolidación con el Instituto Español de Comercio Exterior.

Imagen moderna y diversificación

Si hay algo que un empresario no puede descuidar es la imagen de su producto. María Otero explica que están poniendo mucho empeño en que la imagen de sus vinos se refuerce y sea fiel reflejo de la calidad que encierra cada botella. De hecho la forma de “vestir la botella —como dice María— es lo primero que llama la atención de un caldo”. Por ello han creado una nueva línea de imagen corporativa bastante más moderna que la original, en olaboración con profesionales del diseño. Los cambios han afectado a las etiquetas de las botellas, a los folletos publicitarios —a los que se añade ahora una traducción en inglés— y al diseño global de la nueva página web de las bodegas (www.vinosbureo.com).

Sin embargo, el vino no es el único producto que sale de las bodegas Otero Vaquera. “Hace ya un tiempo —explica María— que se puede saborear la gelée de vino Bureo, una delicatessen que consiste en una gelatina de vino, como una mermelada, que puede utilizarse para acompañar carnes, quesos, patés, etcétera, o como salsa, para cocinar”. Por otra parte, los Otero Vaquera también están considerando sacar al mercado un aceite de oliva cológico. María Otero se encuentra esperanzada con el futuro de la bodega y confía en la calidad de sus vinos para hacerse “con un lugar de referencia en el mercado de la media y alta restauración”.

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